Desde la primera vez que vi el Nevado Verónica, su imponente presencia quedó grabada en mi memoria. Esta majestuosa montaña, que se eleva entre los paisajes del Valle Sagrado de los Incas, es una de las más impresionantes de la región de Cusco, Perú. Cada vez que viajo por la ruta que conecta Cusco con Ollantaytambo, no puedo evitar detenerme unos minutos para contemplar su cima nevada, que brilla con intensidad bajo el sol andino.
Si eres amante de la montaña y la aventura, el Nevado Verónica es una de las cumbres más desafiantes para escalar en los Andes peruanos. Además de su importancia en el montañismo, esta montaña es considerada sagrada por las comunidades quechuas, quienes la conocen como "Wakay Willka" o "Lágrima Sagrada".
El Nevado Verónica se encuentra en la región de Cusco, Perú, dentro de la cordillera de Urubamba. Está ubicado a la entrada del Valle Sagrado, dominando el paisaje con su presencia imponente. Es visible desde la carretera que lleva a Machu Picchu, lo que lo convierte en un punto de referencia para los viajeros que recorren esta histórica ruta.
La altura del Nevado Verónica es de aproximadamente 5,893 metros sobre el nivel del mar (m s.n.m.), convirtiéndolo en una de las montañas más altas de la región de Cusco. Esta elevación lo hace un reto importante para escaladores y montañistas, quienes buscan conquistar su cima a pesar de las condiciones extremas del clima y la complejidad técnica del ascenso.
El nombre "Nevado Verónica" tiene su origen en la época colonial. Se dice que los exploradores y cartógrafos españoles lo bautizaron así en honor a Santa Verónica, una figura cristiana venerada en el catolicismo. Sin embargo, para las culturas andinas, la montaña ha sido conocida desde tiempos ancestrales como "Wakay Willka", que en quechua significa "Lágrima Sagrada". Este nombre refleja la espiritualidad y el respeto que los pueblos indígenas han tenido hacia esta montaña, considerándola un Apu protector, es decir, un espíritu de las montañas que vela por las comunidades del Valle Sagrado.
El Nevado Verónica, con sus 5,893 metros de altitud, es una de las cumbres más impresionantes de la cordillera de Urubamba en Cusco, Perú. Su ascensión es un desafío técnico que ha atraído a montañistas de distintas partes del mundo. A pesar de su imponente presencia en el Valle Sagrado de los Incas, las expediciones registradas hacia su cima han sido limitadas en comparación con otras montañas de la región.
La primera ascensión documentada al Nevado Verónica tuvo lugar el 15 de mayo de 1956, cuando un equipo internacional liderado por el legendario montañista francés Lionel Terray, junto con el suizo Raymond Jenny y los geólogos neerlandeses Cornelius Egeler y Tom de Booy, lograron alcanzar la cumbre a través de la arista noreste. En esta expedición también participó el peruano Eliseo Vargas, quien fue clave en la logística del ascenso. La ruta exigió la instalación de campamentos en zonas estratégicas, atravesando glaciares con grietas profundas y pendientes pronunciadas.
Tras este logro, en 1963, los alpinistas suizos K. Schafer y Wagner realizaron la segunda ascensión, siguiendo un trayecto similar. Años después, en 1967, los escaladores japoneses Koichi Iwatami y Hajime Tanaka optaron por una variante en la arista suroeste, donde establecieron varios vivacs antes de alcanzar la cumbre.
En 1973, un equipo polaco trazó una nueva ruta en la cara norte, mientras que en 1977, los montañistas británicos y estadounidenses Richard Toon y Tom Hendrickson abrieron otra vía por la arista suroeste.
Pasarían más de tres décadas hasta que un equipo de montañistas peruanos lograra conquistar el Nevado Verónica. En 2009, los cusqueños Alfredo Zúñiga y Jorge Sirvas, del Club de Andinismo del Cusco, completaron la primera ascensión nacional, explorando una variante en la ruta original de Terray.
Más recientemente, en 2021, los escaladores Nathan Heald y Urs Jermann lograron abrir una nueva ruta en la cara este de la montaña, enfrentándose a condiciones extremas y añadiendo un nuevo reto a las posibles vías de ascenso.
A pesar de su imponente estampa, el Nevado Verónica sigue siendo una cumbre poco explorada en comparación con otros picos andinos. Sus rutas, dominadas por glaciares desafiantes y paredes verticales, lo convierten en un objetivo reservado para montañistas experimentados que buscan una ascensión de alta dificultad en los Andes peruanos.
Para visitar el Nevado de Verónica, es necesario dirigirse a Ollantaytambo, que se encuentra aproximadamente a 72 km de la ciudad de Cusco.
Para los excursionistas, una opción interesante es hacer trekking hasta los miradores naturales, desde donde se obtiene una vista privilegiada del Nevado Verónica Perú y del Valle Sagrado.
La mejor temporada para visitar el Nevado Verónica y sus alrededores es entre mayo y septiembre, cuando el clima es más estable y las lluvias son escasas. Durante estos meses, el cielo despejado permite disfrutar de vistas espectaculares de la montaña y de las cumbres nevadas que la rodean.
En la temporada de lluvias, que va de noviembre a marzo, el acceso puede ser complicado debido a la nubosidad y las precipitaciones.
Más allá de ser una imponente montaña, el Nevado La Verónica es un símbolo sagrado para las comunidades andinas. En la cosmovisión quechua, los Apus son espíritus protectores que habitan en las montañas y velan por el bienestar de los pueblos cercanos.
Los pobladores del Valle Sagrado de los Incas han mantenido esta tradición viva durante siglos, realizando ofrendas y ceremonias en honor al Nevado Verónica, especialmente en fechas especiales como el Solsticio de Junio y el Inti Raymi.
Definitivamente. Si eres un viajero amante de la naturaleza, la historia y la aventura, este es un destino que no puedes dejar pasar en tu recorrido por Cusco.
Las vistas panorámicas, la cercanía a sitios arqueológicos como Ollantaytambo y Machu Picchu, y la oportunidad de explorar una de las montañas más impresionantes del Perú hacen que la visita al Nevado Verónica sea una experiencia única.
Si no eres montañista pero quieres disfrutar de este gigante andino, puedes optar por una caminata hasta los miradores del Valle Sagrado, desde donde se obtiene una vista espectacular de la cumbre nevada.
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